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escrito por Raul Peralba
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domingo, 16 de marzo de 2008 |
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No todo lo complicado (=enmarañado) es complejo (=compuesto por múltiples partes), y cuando sin ser complejo se complica lo que resulta
es confusión. Hoy más que nunca es necesario «ser simple», al contrario de todo lo aprendido en la era industrial que se ha orientado a crear más y más complicaciones.
La simplicidad es la máxima sofisticación. Se trata de simplificar lo complejo, y sobre todo, de no complicar lo simple. Siempre han existido
los «profesionales de la complicación», sobre todo en gestión empresarial. El profesor Henry Mintzberg, en referencia al management, lo
definía como un fenómeno curioso: «Se paga generosamente, es muy influyente y está significativamente desprovisto de sentido común».
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